EL VALOR DEL TRABAJO

Publicado por Mario Fontalvo

Laura Fontalvo

Para los católicos el trabajo bien hecho por amor a Dios, se convierte en camino de santificación y medio para lograr el perfeccionamiento personal y profesional.

El trabajo es un don de Dios, un gran bien para el hombre, y no sólo un bien útil o para disfrutar, sino un bien digno, es decir, que corresponde a la dignidad del hombre, un bien que expresa esta dignidad y la aumenta. Una vida sin trabajo se corrompe, y en el trabajo el hombre «se hace más hombre», más digno y más noble, si lo lleva a cabo como Dios quiere.

El Señor nos dio, en sus años de Nazareth, un ejemplo admirable de la importancia del trabajo y de la perfección humana y sobrenatural con que hemos de realizar la tarea profesional. Jesús, creciendo y viviendo como uno de nosotros, nos revela que la existencia humana, el quehacer corriente y ordinario, tiene un sentido divino. Su misma manera de hablar, las parábolas e imágenes que utilizará después en su predicación revelan a un hombre que ha conocido muy de cerca el trabajo; No era el "filósofo", ni el “visionario", sino el artesano. Uno que trabaja, como todos.

Asimismo, en San José, encontramos una existencia también llena de trabajo, una vida corriente como la nuestra, y al que en el día de hoy podemos encomendar nuestras tareas profesionales. Él inició a Jesús en su oficio y le enseñó hasta adquirir la maestría de un verdadero profesional en el manejo de la sierra, del escoplo, de la garlopa y del cepillo.

Hoy, en nuestra oración serena y sosegada, hemos de tener presente que este mismo espíritu de laboriosidad, de trabajo intenso, lo espera también el Señor de nosotros. “Desde ahora, pues, hermanos, cantemos, no por amenizar nuestro descanso, sino para sostener nuestros trabajos, como se canta de camino: «Canta pero camina; mantén tu trabajo cantando; no te dejes llevar de la pereza; canta y camina». Progresa, progresa en el bien, progresa en la verdadera fe, progresa en la santidad. Canta y camina.”(S. Agustín)

IGLESIAS DOMÉSTICAS PARA EL MUNDO DE HOY

Publicado por Mario Fontalvo

Por Mario Fontalvo F.

Algunos dirán, con suprema autoridad injuriosa, que la vida es injusta, cada vez que ven salir por la pantalla de tv. a los pequeños del ICBF, con su foto de carnét y descripción de catálogo, tipo Yanbal o Ebel, reclamando su hogar esquivo. Piensan que resulta desigual que, mientras unos buscan con insistencia el calor de una casa llena de parientes amorosos, otros, en cambio, se esfuerzan por estar lo más alejado de su familia. La culpa no es de la vida, ni mucho menos de su Creador, para anticiparnos a las posturas de los incrédulos que se la pasan achacándole a Dios todos los males que produce el errar cotidiano de los ser humanos.

La sociedad, en su vertiginoso decaimiento hacia la pérdida absoluta de los valores morales y espirituales, ha hecho de la familia un estorbo y del vínculo matrimonial un accesorio de museo. Para la prueba, el DANE acaba de revelar que la mitad de los colombianos vive en unión libre. Así, un hogar apartado de Dios, que no lo reconoce como centro y sentido único de su vida familiar, difícilmente podrá hacer de ese refugio del amor bendecido una auténtica escuela de fe. La fragmentación y desvalorización del núcleo familiar es, con certeza, fuente de muchos de los problemas que nos aquejan como sociedad: drogas, prostitución, violencia, suicidios y maltrato físico y psicológico entre congéneres.

Aún más, las uniones de jóvenes que le huyeron al compromiso sagrado, que confundieron el amor con sus pasiones de momento y que se dejaron llevar por el libertinaje alcahueteado socialmente, tienen duración de mariposa y la mayoría están predestinadas al fracaso, viendo en la separación su salida de emergencia más cercana. Como siempre, los culpables terminan siendo los frutos de esa unión improvisada. A algunos de ellos los veremos crecer por televisión con la esperanza de ser reconocidos por sus padres indolentes; a otros les tocará permanecer en la lista de espera hasta que algún hogar sustituto les cambie su condición de huérfanos.

Por eso, en toda ocasión nuestra iglesia católica nos invita a mantener siempre presente a Dios en las familias, fundada sobre el matrimonio como institución natural, y a rescatar el valor fundamental que tienen en la sociedad, pues como lo manifestó el recordado Papa Juan Pablo II: “el futuro de la humanidad pasa a través de la familia”. De igual manera, lo expresó su Santidad el Papa Benedicto XVI en la carta al Cardenal Alfonso López Trujillo, Presidente del Consejo Pontificio para la Familia, con motivo del Encuentro Mundial de las Familias en Valencia: “Todos los pueblos, para dar un rostro verdaderamente humano a la sociedad, no pueden ignorar el bien precioso de la familia, fundada sobre el matrimonio”. Añade el Sume Pontífice: “La familia cristiana tiene, hoy más que nunca, una misión nobilísima e ineludible, como es transmitir la fe, que implica la entrega a Jesucristo, muerto y resucitado. Así se va construyendo un universo moral enraizado en la voluntad de Dios, en el cual el hijo crece en los valores humanos y cristianos que dan pleno sentido a la vida.”

Esta invitación impulsa diariamente a nuestras familias a ser “pequeñas iglesias domésticas”, como las denominó el Concilio Vaticano II, a enmarcarse en el contexto de la gran familia de la Iglesia, que la apoya y la acompaña, colaborando con la tarea fundamental que está constituida por la formación de la persona y la transmisión de la fe. En definitiva: familias seguir el modelo de la familia de Nazareth, que recorrió nuestro mismo camino, entre dolores y alegrías, entre oración y trabajo, siendo guardianes de la fe y anunciadores del amor de Dios entre nosotros.

APRENDIENDO DE LA SOLEDAD

Publicado por Mario Fontalvo

Por Mario Fontalvo F.
13 de noviembre/05
No hemos llegado a diciembre y ya comienzan a sentirse los revuelcos que esta época genera en el alma. Pareciera como si el espíritu de la navidad arribara con una escavadora, desenterrando recuerdos y dejando al descubierto momentos que devuelven una esperada felicidad, que estuvo esquiva el resto del año. Pero también en aquellos en los que la nostalgia se ha convertido en un modo de vida, pensar en diciembre es presagiar que volverá, con su golpe directo al corazón, la soledad. Las composiciones decembrinas, tatareadas hasta las lágrimas por una masoquista sociedad de despechados, se han encargado de colocar su toque de melancolía a una fecha que, para los que confiamos en presencia constante de Dios, se convierte en una oportunidad para hacer de la soledad un espacio para crecer y acercarnos al amor de nuestro creador.

Cuando nosotros experimentamos la soledad como un momento de dolor y desesperación, esta es negativa, porque nos lleva a la tristeza y al abatimiento. Al contrario, si la vemos como la oportunidad de adentrarse en uno mismo, de darse cuenta de quién es uno, de dónde viene y a dónde va, entonces es uno de los mejores regalos que uno puede tener... tiempo para uno mismo y tiempo para estar a solas con Dios.

Y no se refiere a aislarse o de ser solitario; Se trata más bien, de encontrar en el silencio, la paz, la verdad, la maravilla de haber sido creado. Valorar las cosas ante nosotros mismos y ante Dios. En la soledad y en el silencio, también se aprende la fortaleza, sobrellevar las cargas sin quejarse, afrontar los problemas personales sin arrojarlos en hombros ajenos y responder de los propios actos y decisiones.

Aprender a estar solos, es un arte si sabemos aprovechar de esos momentos en los que el alma busca un reposo, para hacerse más fuerte ante el dolor. Allí en el silencio podremos escuchar con mayor intensidad el susurro de amor que Dios envía para nuestro consuelo. Él nos recuerda que, aunque otros se hayan alejado, nunca vamos estar solos. Él prometió quedarse con nosotros. Sus palabras deben reconfortarnos y ayudarnos a reconocer la soledad como un encuentro personal con el amor de Dios.

¿POR QUÉ NO DEBEMOS CELEBRAR EL HALLOWEEN?

Publicado por Mario Fontalvo

Por Nazly Juvinao Guette
30 de octubre/05
Muchas veces hemos escuchado que dicha fiesta es de origen satánico o que es digna de aquellos que aborrecen la práctica de nuestra fe cristiana. Lo cierto de dicha hipótesis, lo encontraremos en las raíces de la historia.

Ya en el siglo I AC., los romanos celebraban el culto al dios de la muerte, ofreciéndole sacrificios de animales y frutos de su tierra. Mas adelante, en el inicio de nuestra era –DC.-, las tribus celtas o druidas, localizadas lo que hoy conocemos como Europa-Gran bretaña y Francia- también ofrecían al mismo dios los frutos de sus cosechas. Entre los ofrecimientos predominaban las calabazas que colocaban a la entrada de sus casas.

Ellos hacían también altares en medio del bosque. Según la creencia de las tribus, esa noche (31 de octubre) el espíritu del dios de la muerte los visitaba junto con sus ancestros muertos ajusticiando a los que no les honraban. Por supuesto que sus ritos eran acompañados de invocaciones y hasta sacrificios humanos para ahuyentar a los espíritus y brujas que acostumbraban maldecir a los asustados aldeanos.

Hoy en día, quienes mas celebran esta “fiesta” son los satanistas y los que practican el ocultismo, tanto así que para ellos es como el año nuevo. Aún hoy, para esta “ocasión” muchos niños de 2 a 6 años son robados para sacrificios y muchas jóvenes son violadas, todo en honor a dicha fiesta.

Los que hoy se añaden a este “día de las brujitas” también celebran al dios de la muerte, como lo hicieron los romanos en sus inicios. Por consiguiente niegan al único y verdadero Dios viviente: YAHVE de los ejércitos, a su Hijo Jesucristo y al Espíritu Santo (Mateo 16, 15-17/Romanos 10, 9-10).

Hermano católico, tú decides hacia dónde va dirigida tu fe, si a Dios y todo lo que Él ha dispuesto a su iglesia, por medio de sus santos y ángeles (Apocalipsis 5, 11/salmo 148, 2/salmo 37, 4/salmo 91, 11) o te vas tras los vanos festejos del paganismo.

nazlyj@yahoo.com

DEJEMOS LA TV A UN LADO Y RECEMOS EL ROSARIO EN FAMILIA

Publicado por Mario Fontalvo

Por Mario Fontalvo F.
2 de octubre/05

A Homero, no el escritor de la Odisea sino el adiposo y torpe personaje del nocivo comics de t.v “Los Simpson”, le escuché decir una frase que refleja la preocupante realidad de la vida familiar contemporánea: “Bueno niños, el televisor es el que manda. Él está a cargo de la casa”.

Esta amarillenta serie animada es el icono de la familia de estos días, que coloca a la tv como un Dios que guía pensamientos y acciones, y cuyo único espacio de encuentro se malgasta al frente de las imágenes hipnotizantes de “la cajita idiota”. Ni que decir de los hogares en donde un solo televisor es factor de disociación y se hace necesario uno en cada cuarto. Incluso, en sociedades más desarrolladas, se ha olvidado el significado de estar juntos, dificultando así la comunicación entre padres e hijos.

Por ello, el Papa Juan Pablo II recomendó “volver a rezar el Rosario en familia… Ello significa introducir en la vida cotidiana otras imágenes muy distintas, las del misterio que salva: la imagen del Redentor, la imagen de su Madre santísima”.

Para el Santo Padre, “la familia que reza unida el Rosario reproduce un poco el clima de la casa de Nazaret: Jesús está en el centro, se comparten con él alegrías y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de él la esperanza y la fuerza para el camino”.

Que el rezo del Rosario le devuelva a las familias la capacidad de volverse a mirar a los ojos, de perdonarse mutuamente y de comunicar su amor.

ÁNGELES: UNA VERDAD DE FE, NO UNA MODA

Publicado por Mario Fontalvo

Por Mario Fontalvo

25 de septiembre/05

Hace varios años, el populoso programa “El show de Cristina” dedicó una de sus emisiones al tema de los ángeles. En aquella ocasión, una panelista invitada motivó al público a hacer un sencillo ejercicio para conocer el nombre del ángel que los acompañaba. En una gran demostración de la ignorancia abundante en el estudio, los asistentes comenzaron a relatar, conmocionados, su angelical encuentro.

Como la invitada del programa de televisión, existen en la actualidad muchas personas, devotas de la llamada “angeología”, que llegarán hacia ti con un discurso que bien pudo haberlo inventado Pinocho o el pastorcito mentiroso. A muchos se le notará que la nariz le crece cada vez que intentan convencerte de que los ángeles son “seres de luz”, que te ayudarán a encontrar tu pareja perfecta o que traerán la prosperidad a tu negocio. Que nadie te venga con esos cuentos. Aunque la “nueva era” o “era de acuario” intente acercarte a los ángeles con velas y aromas, como buenos católicos debemos rechazar estas prácticas esotéricas que desvirtúan el seguimiento de Jesucristo.


Sin embargo, no hay que negar que en estos tiempos, a la par del materialismo y del ateísmo reinantes, se percibe un renacimiento de los valores espirituales y un interés especial hacia los ángeles. Para atender este saludable movimiento de alma, nos proponemos presentar, en esta segunda edición, la atrayente temática de los Arcángeles, con motivo de su festividad este 29 de septiembre.


Para los de pensamiento “new age”, la moda es comunicarse con los ángeles. Tan irresponsable y mágico ha sido el uso del tema, que ya se ven ángeles enviados vía Internet o los que ayudan a la gente a ser feliz con sólo ponerles agua. Nada de eso es aceptado por la Iglesia Católica. Los ángeles hay que entenderlos como manifestaciones de Dios que se hace presente para ser medicina nuestra, para protegernos y para comunicarnos su amor.


En cuanto hacemos presente al Señor para los hermanos, nosotros podemos ser ángeles de Dios para todos aquellos que están necesitados del poder de Dios.